Día 7º de Rodaje - 24 de Noviembre de 2008 
SANTA WALATTA PETROS
San Andrés Dung-Lac, San Crisógono, San Alejandro, Santa Flora, Santa Fermina, San Crescenciano, San Bálsamo, San Porciano, Santa Walatta de Petros, San Hermógenes, San Colman, San Flaviano, San Hoardón, San Protasio, San Leonino, Santa Menefreda, San Marino, San Román.
Hoy ha sido difícil elegir el santo al que encomendarnos, ya que en la lista de hoy había un buen numero de nombres curiosos.
(También por eso he tardado en poner el santo). Siempre me preguntaré que padres son capaces de ponerle a su hijo Crescenciano...
Por otro lado finalmente he elegido a Santa Walatta, cuyo nombre no es precisamente común, pero resulta que fue una santa muy comprometida con ayudar a los demás. Quizás ella nos pueda echar una mano con el rodaje, ya que con esta incesante lluvia se hace más complicado.
Nacida y muerta en Etiopia (1594-1643)
Se llevaba bien con su marido, ministro del Negus abisinio Susenyos (m. 1632), hasta el día en que este, convertido por el jesuita español Páez, intentó reconciliar la iglesia etíope con la de Roma. La tentativa fracasó, pero entre tanto, como el ministro había seguido al misionero, Walatta considero a su esposo un apóstata y dejó el domicilio conyugal. Él envió a los soldados a incendiar las cosechas y matar a las cabras del monasterio donde se refugiaba Walatta, el esposo consiguió así hacerla volver al hogar. Sin embargo, al poco tiempo decidieron separarse definitivamente y lo hicieron esta vez como buenos amigos.
Walatta, que era una mujer muy hermosa y buena, tenía entonces alrededor de treinta años. Se retiro lejos de la corte, a un convento que había construido en la campiña abisinia. Un día, alguien le dijo al verla tan alegre: “ ¿Por qué teniendo mujer e hijos, no puedo ser tan feliz como tú?” Walatta se ocupo en realizar las aspiraciones de aquel hombre, un humilde siervo. Creó una aldea para él y sus familiares, de vida comunitaria, donde se alternaban el trabajo, la oración, la comida, el descanso y los juegos. Ante el éxito de la iniciativa, se consagró los últimos veinte años de su vida a esta clase de obras. Siete comunidades de este tipo existían cuando ella murió, compuestas cada una de cien a ciento veinte familias.
Desde el comienzo de su nueva vida, Walatta pasaba las noches estudiando el Antiguo Testamento, buscando febrilmente su beneficio espiritual. La Virgen María, que quería que durmiera, se le apareció y le dijo: “No te fatigues tanto. Lee cada día un poco del Evangelio, sobre todo el de San Juan; con esto te basta”.
Walatta obedeció y se encontró tan bien con esta lectura que raramente volvió a leer otra cosa. |