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Querido Nemo:
Estoy harto de ver en todas partes tus ojos bizcos y tu sonrisa bobalicona. Los niños sólo se duermen si tienen tu peluche entre sus manos. Desayunan, comen y cenan en tazas y platos que llevan tu cara estampada. Ven tu película una y otra vez. Cuando ésta termina repiten los diálogos sin parar mientras corretean por la casa.
Sólo quieren secarse con “la toalla de Nemo”. Tienen el pijama de Nemo, los calzoncillos de Nemo, la gorra de Nemo, los guantes de Nemo, la bufanda de Nemo, los calcetines de Nemo... estoy seguro de que dentro de quince años usarán los preservativos de Nemo. En lugar de papá y mamá, estos son Nemo y Dory.
Nemo, te desprecio. Has arruinado mi vida. Pero de hoy no pasa. Sé que no eres más que un salmonete disfrazado de pez payaso. Te he visto en la pescadería del barrio. Te voy a comprar a tí y a toda tu familia. Por fin, ¡por fin!, se va a hacer justicia. |