Día 22º de Rodaje - 11 de Diciembre de 2008
SAN MASONA
San Dámaso, San Eutiquio, San Bársabas, San Victórico, San Fusciano, San Trasón, San Ponciano, San Pretextato, San Genciano, San Segundo, San Zósimo, San Pablo, San Ciriaco, San Sabino, San Benjamín, San Paulo, San Fidel, San Masona, San Daniel, San Martín de San Nicolás y San Melchor de San Agustín.
En el día de hoy encomendamos el rodaje a San Masona. En un primer momento casi cometo el error de pensar que se trataba de una mujer, pero internet a aclarado mis dudas. Difícilmente una mujer habría llegado a obispo en la época de los visigodos en la península, por suerte el mundo se ha vuelto un lugar más igualitario para todos.
Por otro lado he de comentar que el rodaje sigue su curso de manera positiva y que a sido un éxito nuestro experimento de retransmitir en directo la grabación del rodaje por internet.
San Masona, Obispo (del 571 al 605) de Mérida (España), confesor.
Oriundo de raza goda y noble por su linaje, ingresa en el monasterio anexo a la Basílica de Santa Eulalia. Desde sus primeros años se distinguió por magníficas dotes y virtudes cristianas. El santo obispo fue famoso tanto en la Iglesia emeritense como en toda la historia visigoda. "Venerable entre los venerables; santo entre los santos; piadoso entre los piadosos; bueno entre los mejores; adornado de todos los carismas; ese es el Masona que sucede en la dignidad episcopal al dechado de virtudes que fue Fidel". Fidelísimo en su total entrega a Dios, amante de los hermanos, siempre suplicante por su pueblo; su nombre conocido por sus milagros se extendió por toda la tierra. Su fama le acarreó las consabidas envidias humanas, entre ellas la del Rey Leovigildo y los obispos arrianos, llevándole hasta el destierro. Se nos dan noticias sobre el "xenodochium" que funda tanto para cristianos como para judíos, de la conversión de Recaredo y de las fiestas de victoria del "duque Claudio". Nos consta que el obispo Masona presidió el III Concilio de Toledo y por testimonio de San Gregorio de Tours intervino en la conversión de San Hermenegildo. Lleva a la Iglesia emeritense al cenit de su siglo de oro. Debió morir en el reinado de Witerico. |